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Cuentos de Rovete

Internado de Señoritas

Internado de Señoritas

Desde la altura, o sea, desde el dormitorio de la Inspectora podía verse todas las camas, no menos de cuarenta, ubicadas en el gran dormitorio (tambien habia sido usado como gimnasio) que las alumnas llamaban "El corral", era la sala donde dormían la señoritas que estudiaban en el Internado de la ciudad. Desde allí la Inspectora nombrada por las alumnas “Señorita Mabel” veía como cada noche las jovencitas en medio de la oscuridad encendían mutuamente sus cigarrillos y conversaban susurrando bajo las sábanas ubicadas a guisa de pequeñas carpas.
—SILENCIO! -Se escuchaba la orden perentoria acostumbrada de la Srta. Mabel. Una vez que se hubo hecho el silencio total entre las chicas y caído la oscuridad completa, se escuchaban los pasos acostumbrados...y el rechinar de las ruedas de un antiguo catre.
—No teman niñas, recuerden que es a los vivos a quienes deben temer —Decía en voz alta la Srta Mabel desde la altura.
Cuando son pasadas las 12 de la noche y no hay cigarrillos encendidos, voces susurrantes, pasos, ni rechinar de ruedas, la Señorita Mabel enciende su cigarrillo y conversa... nadie sabe con quien...

¿Y donde está tu papito?

¿Y donde está tu papito?

  —¿Y donde está tu papito Miguel? —preguntaban los amiguitos que recien llegaban a visitar al pequeño en su casa.
Miguelito parecía no escucharlos y seguía en su trote sin fin alrededor de las flores.Los adultos miraban todo el "jugueteo" del pequeño y aunque intranquilizaba a varios, nadie se atrevía a decirle nada.

—Pero Miguelito, ¿donde está tu papito? —continuaban preguntando insistentes los amiguitos de Miguel.

—Como que no se dan cuenta... que son tontos, mi papá está adentro del cajón, al medio de las flores —respondió sonriente el pequeño-, prontó saldra y me tocará el turno de esconderme, él piensa que aun no lo encuentro.

Mientras varias señoras vestidas de negro dirigian el rezo del Santo Rosario, Miguelito estaba siendo vencido por el sueño.

Fin de Año Adolescente...

Fin de Año Adolescente...

La visión le parecía insuperable. Desde aquella "platea" podía ver con delicia el paisaje de suavidad, forma y tersura que solo podría ser complementado con el roze de sus manos. Guardó silencio por un largo rato mientras observaba, él estaba allí sentado bajo el escritorio de la profesora mientras un grupo de sus compañeros la rodeaba por completo para distraerla, todos simulaban mirar atentos como calculaba los promedios de sus notas finales, ocultaban así a Felipe en su turno de observador. Este acto era ya casi un ritual de fin de año en el colegio, el mismo era muy bien organizado de tal forma que ningun varoncito del curso quedara sin apreciar las jovenes curvas y piernas de la Profesora Jefe.
El ambiente era el propio de la época pre-navideña, a través de las ventanas se escuchaban villancicos. Felipe seguía extasiado con la respiración agitada mientras el corazón latía fuerte retumbando en sus oídos, su boca estaba seca.De pronto cae el llavero de la Maestra, Felipe cierra los ojos se prepara para lo peor, pensó hasta en la expulsión del colegio.
La mano suave y de bien cuidadas uñas de la maestra recorría a tientas el suelo hasta que rozó la mano juvenil de Felipe que transpiraba, Felipe en ese momento pensó que todo era un sueño, un hermoso sueño del que pronto despertaría, así es que antes que así fuera, dejó las llaves sobre la palma de la mano de la diestra de Joven Profesora. La mano de la señorita Alicia, de largos dedos se cerró casi envolviendo la mano del jovenzuelo prodigándole calor y suavidad,. al mismo tiempo cambiaba de pierna en su posición de “pierna encima”, el vestido amarillo se recogió un poco más sobre su muslo suave, terso y de hermoso contorno. La mano izquierda de Felipe rozó y...se posó sobre la pantorrilla de la "Profe", con sus dedos podía percibir el tibio mador que adornaba toda la pierna de ella. Su cuerpo se estremecía y respondía al impulso que hoy más que nunca le indicaba que era todo un hombre, la boca y todo su cuerpo se humedecía. Sobre la cubierta del escritorio los alumnos, trataban de conversar con la profesora, algunos para distraerla y otros efectivamente para pedirle que les subiera la nota.
Los villancicos seguían escuchándose...los labios de Felipe se posaban una y otra vez sobre el muslo de la Profe, lentamente y con suavidad, él ya sabía que se encontraba completamente descubierto, las ganas de Felipe ya llegaban hasta su punto cúlmine, cuando un certero puntapié le llegó en la rodilla, era la advertencia inequívoca que el turno del siguiente había llegado...
Asi llegaba Felipe a su Fin de Año...